(es un prólogo un poco raro, pero lo que pasa se explicará un poco mas adelante)
En la casa de la esquina se oían gritos. Algo no cuadraba en aquella situación. Los Gallagher siempre habían sido una familia amable, tranquila, simpática con el resto de los vecinos, eran buena gente, el señor Gallagher era un hombre honrado, presidente del consejo de ministros. ¿que estaba pasando? ¿de donde venían esos gritos?
-te he dicho que no pienso ir-gritó Celia-me niego.
Una chica rubia, de unos 16 años, gritaba mientras daba vueltas por el salón. a su lado, una mujer de aspecto serio, su madre, la miraba con cara de reproche.
-Celia, harás lo que yo diga, vas a ir a ese colegio.
-pero mamá, estoy en mitad del curso, voy a tener que dejaros a vosotros, a mis amigos...y además no me voy al pueblo de al lado, ¡¡inglaterra, mamá, eso esta a muchisimos kilómetros!!
La chica rubia dio un portazo, subió las escaleras y se encerró en su habitación.
Celia Gallagher era una chica normal que vivía en un pueblo normal y tenia una vida absolutamente normal, bueno, normal hasta hace unos meses.
-¿Te das cuenta de lo que te puede pasar si te quedas aquí?-dijo su madre con los ojos llorosos.
Celia nunca había visto a su madre así, no al menos desde la muerte de su tío.
Hace unas semanas, los estudiantes partidarios de la independencia de su país habían asaltado el congreso, donde trabajaban su padre y su tío. Poco se pudo hacer contra una masa de jóvenes enfurecidos, la noticia salió en todos los periódicos del país, y en los de buena parte del mundo.
-Celia, sabes perfectamente que van a ir a por nosotros,y sabes también que a por ti con mas insistencia, tienes que irte a Inglaterra y estar a salvo.
Si, iban a ir a por ellos, a por la familia del presidente del Consejo, y justo a por ella, la hija pequeña, iban a ir mas insistentemente; tenia que irse.
-me iré, pero...
-serás fuerte hija, solo será un año.
Un año alejada de su casa, de sus amigos, de su familia, un año sin saber como estaban, si les habían hecho algo, un año.
-anda, haz la maleta-dijo su madre dándola un beso en la mejilla.
Se puso a meter en la maleta todo lo que necesitaba, ropa, pijama, zapatos, y uniforme. Si, uniforme, porque su colegio...en fin... era un poco... conservador.
No es que estuviese en contra de eso de llevar uniforme por lo menos era medianamente bonito, pero eso de un colegio antiguo, solo de chicas, conservador... bueno, la idea la echaba un poco para atrás.
Cuando tuvo la maleta hecha, bajó de nuevo al salón y se sentó a cenar, la última vez en su casa, por un año.
Cuando acabaron de cenar, se fue a la cama a intentar dormir, mañana salía hacia Londres a las 5.
Su vida iba a cambiar, y ella no sabía de que forma.
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